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dom. Abr 21st, 2019
chantal grande

El silencio

Con frecuencia, él se retiraba a lugares solitarios, donde oraba”. Se dice esto de Jesús en la Biblia.

Son numerosos los beneficios que el silencio procura en nuestro cuerpo, según la fisiología humana muestra en los múltiples estudios que se han realizado al respecto. Asimismo, algo que se registra desde mediados del siglo XIX, parecen innumerables los perjuicios que el ruido procura. Se estima que el ruido está vinculado a problemas de sueño, a trastornos digestivos, a dificultad en los diferentes tipos de aprendizaje, a enfermedades cardiovasculares. Tan es así que la Organización Mundial de la Salud (OMS), en el año 2011, emitió un informe según el cual tres mil de las muertes por causas cardíacas, acontecidas en ese año, tenían clara relación con el ruido.

¿Efectos positivos del silencio? Los factores que indican relajación se disparan, por ejemplo, cuando cesa la música que nos rodea, por muy relajante que nos resulte al principio de escucharla. Además, todo parece indicar que nuestras neuronas se encienden (sic) en los periodos de quietud. Esto procura dos efectos claros y específicos: facilita el control de la tensión arterial (previniendo tanto dolencias del corazón como el ictus) y predispone a la reflexión.

Esta reflexión puede parecer de poca trascendencia. Sin embargo, me parece un tema clave o, mucho mejor dicho, radical (es decir, derivado de la raíz). Por lo que veo y siento en las personas, cada día tengo más la impresión de que una de las mayores causas de la infelicidad, de las que ellas mismas se quejan, radica en una falta suficiente de reflexión, de reflexión real, no meramente efímera o superficial.

La palabra reflexión, en su origen, quiere decir doblarse, volverse hacia sí mismo (flexión); y hacerlo con intensidad o repetidamente (re). Dicho de otra manera, reflexionar es mirarse, escucharse, atenderse; y hacerlo con especial interés. Es un buscar en mi interior qué es lo que yo quiero, cómo soy y por qué, qué es lo que posiblemente me vaya a hacer feliz en función de lo que haya en mí.

Numerosas son las personas a las que les desagrada lo que ven en su interior, no tanto por lo que son ellas mismas, en su origen, sino por las experiencias vividas en su infancia. Quizá demasiado dolor; demasiado miedo. Ante lo cual, sólo hay, se me ocurre, dos opciones: primera, intentar sanarlo; segunda, huir hacia adelante. Son decisiones que se toman día a día; verdad, voluntad y valentía. Permítanme regalarles esas tres “uves”, las cuales intento aplicarme una vez tras otra. Verdad para no autoengañarse (lo cual resulta fácil); voluntad para seguir en la brecha, con serenidad, con amor, sobre todo a uno mismo, intentando desbrozar las emociones y los pensamientos negativos enquistados en el interior; valentía para poder mirarlas de frente.

¿Conocen ustedes la llamada “pirámide de Maslow”? Es prácticamente un axioma, una evidencia del saber psicológico desarrollado en el siglo XX. En ella se intenta reflejar la jerarquía de las necesidades humanas. En la base, las necesidades fisiológicas básicas, esto es, lo que le permite seguir viviendo a nuestro cuerpo: respiración, alimentación, descanso. Le seguiría la necesidad de seguridad: salud, economía, familia o grupo. Después, afecto social: relaciones humanas, aceptación exterior. Las dos últimas capas estarían constituidas por el afecto propio o autoestima y por la autorrealización. En resumen, la materia se encuentra en la base para poder cultivar el yo y el espíritu, en la cúspide.

¿Por qué hablo de ella? Para mostrar que, si no sanamos en nuestro interior la tercera capa, las huellas dolorosas, muchas veces impresas en nuestro inconsciente, que han dejado en nosotros las vivencias pasadas, sobre todo en nuestra infancia, va a resultarnos muy difícil, si no imposible, alcanzar la autoestima y, con ello, poder volar libremente, respirando a pleno pulmón. Viviendo, en definitiva; no sobreviviendo.

Dicho en román paladino, necesitamos del silencio para descubrir qué hay en nosotros y para armarnos de valor, cotidianamente, para sanarlo, si es que deseamos realmente conquistar aquello que nos haga felices.

¿Cómo cristalizar la realidad de Dios-Padre-Amor-Entrañable (en el pico de la pirámide) si se está vagabundeando por los estratos inferiores (en la base, o casi, de ella)? Y sin embargo, creo que es necesario hablar de ello, sugerirles que alcen la cabeza e invitarles a que miren al cielo para recordar que se nos ama, mucho, y que la vida, realmente, puede tener un sabor de felicidad aquí, en la tierra, aún encarnados, mucho más allá de las circunstancias adversas. Y recordarles que todo comienza por el silencio, por la autoescucha.

Hay, al menos, una “casa del silencio” en España. ¿Lo sabían ustedes? No estoy hablando de una iglesia o de un monasterio o de cualquier otro tipo de templo que se imaginen. Casa del silencio. En Barcelona, concretamente. Alguien no practicante de religión alguna, sabedor (supongo que “experimentador”) de que el ruido constante deshumaniza, legó su casa a este fin. Supe de ella a través de un reportaje televisivo. Me ha sido imposible localizarla por internet.

Teresa de Calcuta escribió este proceso de manera magistral: “El fruto del silencio es la oración. El fruto de la oración es la fe. El fruto de la fe es el amor. El fruto del amor es el servicio. El fruto del servicio es la paz”. ¿Me permiten traducirlo a palabras paganas? “El fruto del silencio es el encuentro con uno mismo. El fruto del encuentro con uno mismo es la comprensión de uno mismo; con ello, la fe. El fruto de la comprensión hacia uno mismo es el perdón, hacia uno mismo, es decir, el amor. El fruto del amor y de la comprensión hacia uno mismo es el amor y la comprensión hacia los demás. El fruto del amor hacia los demás es el servicio. El fruto del servicio es la paz”.

¿Puedo invitarles a que se retiren, aunque sea un breve momento al día, al silencio? Creo que se relajarán un poco más y, además, sin pretenderlo, se descubrirán mejor a sí mismos. Créanme, llegarán a tratarse con mucho más afecto de lo que hacen.

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